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La calle del bosque

Despierta tus sentidos y déjate llevar hacia nosotros.

¿Cómo Menghino

Somos dos amantes de la naturaleza y de la campaña que se han encontrado por casualidad en “La calle del bosque”

Encontré a Carla por casualidad, un día de verano en un despacho en la segunda planta, una habitación decorada con muchísimos libros, fotos y recuerdos de una vida dedicada a la enseñanza pública y a los servicios educativos. Me habían aconsejado tener una pequeña charla con ella, una ex docente, una mujer sensible a temas que yo misma llevo en el corazón desde siempre.

Propio por una pasión encontré a Carla.

Ambas adoramos la naturaleza y estar al aire libre; la fatiga del trabajo en el campo y la satisfacción  del descanso, con los músculos dolidos y nosotras delante de un fuego chisporroteante bebiendo un té; nos encantan los tiempos lentos y la educación igualmente lenta, para adultos y niños. El amor por los gestos pequeños, y por las pequeñas cosas, sobre todo por los objetos creados del reciclaje, el amor por las manualidades y por aquélla pieza que siempre puede tener una segunda vida; la atención hacia las necesidades de los demás, hombres o animales que sean.

Nuestro viaje empezó aquel día, cuando, después de unas divagaciones, llegamos a Casore del Monte, al Agriturismo Menghino: nos apegamos al lugar y al paisaje, a la gente y a sus tradiciones, a los animales salvajes y a los “domesticados”.

En fin, nos enamoramos literalmente de todo esto.

Hay unos aspectos de nuestro carácter que llevamos dentro de nosotras, una estructura genética  que, desafortunadamente o por suerte, no podemos cambiar, y que nos llega del ambiente socio-cultural en el que crecimos, y mucho más reside en nuestros nombres.

Granja

Agroturismo

Habitaciones

Nuestra Filosofìa

Entre líneas hemos dejado filtrar algo. La nuestra es una filosofía del tiempo lento, es una manera de vivir y de ver las cosas. Es un modo de interpretar, sentir y vivir todo lo que nos rodea: “los más lentos, los más profundos y los más dulces”.

Las palabras que más nos representan en este momento querría “robarlas” a las memorias de un pedagogo, director escolar, que se ha dedicado muchos años a la enseñanza en las escuelas de una educación lenta y no violenta: Gianfranco Zavalloni.