El Ocio Como Estilo de Vida

La literatura acerca de la lentitud y del decelerar se está ampliando considerablemente en estos años. Entre las reflexiones más interesantes cito las de Tom Hodgkinson que expresó en dos ensayos: El ocio como estilo de vida y La libertad como estilo de vida; dos obras maestras que sostienen la “filosofía de la lentitud”. La tesis principal de Tom Hodkinson es la de afirmar que en una sociedad que se basa en la acción, en la eficiencia, en el mercado global y en la velocidad, la manera para llegar a ser verdaderos revolucionarios es la de ociar y de ir más despacio, hacer todo por su cuenta y producir en el territorio, perder el tiempo.

Perder el tiempo es un verdadero pecado capital en un sistema social que se centra en el provecho a toda costa, está conectado en cambio con una sociedad que se basa en los ritmos cíclicos, con un estilo de vida pegado a la naturaleza, con el trabajo que el hombre cumple para producir su sustentamiento. La idea de “perder el tiempo”, de esperar con paciencia que un ciclo se cumpla, es característica del trabajo campesino, de la tierra y de la campaña.

Si lo pensamos bien, en el trabajo de campo no existen pausas que no sean fecundas, el tiempo que se pierde en realidad es un tiempo biológicamente necesario, que se llena a menudo de actividades para la preparaciones a eventos cíclicos como la cosecha o la siembra.

Por lo contrario la velocidad está pegada a tiempos lineares, a una producción industrial que se centra en lo desechable, a un modelo de sociedad que consuma y no se preocupa por incluir dentro de ciclos naturales bienes, energías, materias primas y personas.

Es un “tiempo-flecha”, desprovisto de esperas.

Todo esto incide indeleblemente en la educación, en la formación de las personas y en la organización escolar.

ESTRATEGIAS DIDÁCTICAS DE DESACELERACIÓN

Se trata entonces de “perder el tiempo” dentro de la enseñanza, o sea de descubrir las distintas estrategias didácticas útiles para disminuir la velocidad. La obra concreta es la que ve el volcarse de unos procedimientos educativos y didácticos que por inercia ahora han entrado en las costumbres de las escuelas. Consecuentemente se hace indispensable que se propongan unas nuevas, que a lo mejor a alguien parecerán antiguas o ya puestas en los archivos del pasado.

Hay una fase, generalmente el comienzo del primo año en un nuevo ciclo escolar, en el que todo el tiempo que se pierde al hablar y escuchar los chicos sobre sus historias personales es muy precioso. Es el tiempo del descubrimiento, del conocimiento de lo que se ha vivido, de la elaboración de buenas reglas comunes para vivir juntos. Perder el tiempo sin “seguir con el programa” (uno de los principales motivos de ansia de nuestros enseñantes) no es ciertamente perder el tiempo.

Habría mucho sobre lo que reflexionar, a este propósito, sobre todas aquellas actividades de la llamada continuidad entre los distintos grados de la escuela… ¡si luego no perdemos el tiempo para conocer a nuestros chicos!

Aquí se habla de la estilográfica, de cuerpo, plumilla y tinta. Es el arte de la caligrafía, del escribir bien, de la hermosa escritura. En la época del ordenador se trata también de experimentar la técnica de la tinta y de la plumilla. Aquí siguen algunas reflexiones que han surgido sobre el utilizo de la plumilla durante un curso para adultos:

  • la plumilla nos ha llevado atrás en el tiempo;
  • desde años escribo en letras de molde, con la plumilla he vuelto a aprender como utilizar el cursivo;
  • la mano iba expedita, la mente ligera…;
  • he “contactado” con un recuerdo antiguo: “La máquina sobre un cuaderno, marcada de rojo, la mancha sellada con un 2”;
  • he vuelto a ver mis cuadernos de cuando era pequeña y me han impresionado;
  • escribir con la plumilla para mí era duro. No conseguía escribir con una caligrafía hermosa. Hoy he escrito, otra vez, manchando mucho la hoja, como de pequeño: he notado hoy el ruido de la plumilla y su lentitud, el hecho de mojar la pluma que obliga a pararse…;
  • he empezado a escribir y estaba segura de que habría manchado la hoja, más bien, quería manchar, pero no lo he conseguido; -la plumilla nunca me traiciona, fluye y no hace agujeros en la hoja…;
  • he empezado a escribir maravillosamente, luego me he dicho: “No!”, y voluntariamente he empezado a manchar lo que había escrito.
  • no entiendo dónde está la dificultad en el utilizar la plumilla: pero ¿por qué entonces ha desaparecido?

Es la primera e indispensable manera para vivir en un territorio, para conocerlo bien y en profundidad en sus acontecimientos históricos y geográficos.

Hacerlo juntos, con los compañeros de clase, permite vivir emociones, dirigir la mirada hacia detalles nunca vistos desde el habitáculo de nuestras rápidas automóviles, oler, probar sensaciones que crean vínculos. Por este motivo sería realmente importante empezar (o volver a empezar) a hacer excursiones de pié.

La fotocopia es la gran maldición de nuestras escuelas. Hoy se fotocopia todo. Tenemos la costumbre de reproducir todo con una fotocopia y “darlo a nuestros chicos para que lo pinten”, que hoy han llegado a ser expertos en la tarea de llenar de colores los huecos de una fotocopia. Hay que recobrar la originalidad de hacer personalmente, con el propio dibujo. Dibujar y crear por nuestra cuenta tablas, esquemas y organigramas. Solo así los conocimientos serán nuestros.

Conozco una maestra que lleva a menudo sus alumnos al prado delante de la escuela. En los días nublados y ventosos hace que se tumben en el suelo y miren las nubes en el cielo, imaginando formas y movimientos. ¿Es esta escuela? Sí, es escuela, una excepcional escuela de poesía.

En la época del correo electrónico me siento un poco incómodo cuando recibo las felicidades de Navidad a través de un email dirigida a otras 150 personas (la dirección personal de quien escribe). Es más rápido y no se pierde tiempo: esta es la motivación. No hay nada más deshumanizante. ¡Qué emocionante, en cambio, recibir y escribir una postal, una carta individual, un billete personalizado! En ocasión de las festividades y de los aniversarios, en lugar de los clásicos regalitos (gadget o pequeños juguetes a menudo inútiles) proponemos a nuestros estudiantes que escriban, por ejemplo, postales, inspirándonos al movimiento artístico de la llamada “Arte Correo”. El Arte Correo (en inglés Mail Art) es el arte que utiliza el servicio postal como instrumento. El ejemplo más familiar es él de los sobres dibujados, franqueados con sellos del primer día de emisión que los filatélicos llaman first-day covers. Sin embrago, el Arte Correo auténtica está constituida por sobres y postales decorados en varios modos con una amplia gama de otras técnicas, como el collage, los sellos decorativos o la creación de sellos falsos (artistamps).

Así, a dar la vuelta al mundo, habrá un millar de postales, dibujadas por niños, niñas, chicos y chicas.